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“Es comunista”. Un poco de luz en el mundo de las tinieblas de Internet:

Sólo hay una idea política que no haya sido tocada ni ayer, ni hoy, ni mañana.

Y adelantarte a tu propio tiempo no es una cosa que pueda pensarse en los términos de unas pocas generaciones. Como el músico de jazz del cuento de Cortazar, si esto ya lo tocaste mañana, no es lo suficientemente bueno.

Sólo habrían de interesarnos quienes se adelantan a su tiempo, no quienes se ensimisman en el primitivismo del presente y el pasado.

Nietzsche, el filósofo más funesto de la Historia. No mató a “Dios”, sino que ha creado una escuela de flipados que quieren ponerse en su “lugar”. Filosofía de la sífilis.

El fascismo, una secta destructiva:

«Por lo tanto, el redescubrimiento de la inteligencia activa al interior de nuestras almas y dentro de nuestro corazón es muy similar al redescubrimiento del espíritu absoluto (…) Solo cuando sea rehabilitado el intelecto activo podremos prepararnos para lanzarnos a la batalla final contra la filosofía orientada hacia los objetos y contra el progresismo. La principal arma teórica del Gran Despertar trumpista debe ser la filosofía»

geopolitica.ru/es/article/la-d

(De la corrupción, el sadismo y el sufrimiento).

Esa creo que es la clave de por qué el mundo no funciona, o funciona como el tren de Snowpiercer. Y, vista la película en conjunto, no le recomiendo a nadie que se crea que ese es un argumento interesante para pensar el futuro.

filmaffinity.com/es/film245452

Que además pervertirá y adulterará las distintas opciones de lo discutible, enquistándose e impidiendo como hasta ahora que el progreso se desarrolle de manera natural. O sea, rápida. Porque la razón se desarrolla de manera rápida cuando hay libertad. Y no hay libertad si se discute lo indiscutible o si se discute lo discutible bajo el conflicto creado por los amantes del sadismo y el sufrimiento.

Una persona normal podría argüir que es mucho el camino que se ha recorrido, que los cambios tienen que ser poco a poco y que hay grandes poderes, como los religiosos, que se oponen a ello. El problema es racionalizar la lógica propia de los que crean y disfrutan del conflicto y la catarsis masiva. Psicológicamente. O sea, ese es un punto de vista racional cuando se llegue, si se llega, a lo discutible. Pero empantanados en lo indiscutible es puro sadismo y sufrimiento masivo innecesario.

Pero ese debate, que no hubiera resistido más allá del paso de una sola generación, y seguramente podríamos remontarnos a la abolición de la esclavitud para haberlo dado por concluido, persiste porque es el tapón para que una vez aceptado ese principio no se traslade a la reorganización del sistema económico. Y ya se puede estar al borde de un colapso climático en todo el planeta, que todavía estamos discutiendo innecesariamente, artificialmente, con los mercaderes de esclavos.

O sea, para que se produzca un conflicto artificial, que la sociedad ha superado pero no los locos que la dirigen, no se abre paso un principio indiscutible que es el de que, si tus derechos no perjudican a los otros, son derechos legítimos. Puedes llamarte “él”, ella”, “elle”, “ello” y estás en tu pleno de derecho de definirte como quieras y a que se te reconozcan los mismos derechos civiles que a los demás. Y lo mismo con la raza, con las creencias, con las ideologías, con todo.

Por ejemplo, la ley trans que se está discutiendo ahora en España. El debate debería de ser si une adolescente o niñe es capaz de tomar una serie de decisiones cuando su personalidad está todavía en formación. Y si las madres y padres pueden tomarlos por ellos. Eso es lo discutible. Los que sobran del debate público y de la representación política legítima son los detritos que dicen que esas personas no tienen derecho a definirse como quieran y a cambiar de sexo y de género.

O sea, para que el mundo no avance sin crear ninguna ruptura moralmente insignificante se le frena equilibrando a opositores y partidarios. Como la razón por sí misma cuenta de manera natural con muchos más seguidores, se la minoriza. Y como cada vez sería más difícil recabar apoyos para la sinrazón, se la alimenta con esteroides y se la dopa. El caos resultante prolonga el orgasmo de los que obligan a la sociedad a vivir en un conflicto que no tendría que producirse.

Una serie de derechos que la inmensísima mayoría de la población los entiende como indiscutibles y sobre los que sin embargo se continua generando una división y una polémica completamente artificial, manipulando las opiniones, los medios de comunicación, los recursos que se emplean para promoverlos o desacreditarlos y la representatividad política con la que cuenta cada punto de vista.

Hace años yo lo enunciaba en el sentido de que la forma de sistema político de la modernidad es una en la que sólo existan las izquierdas y el liberalismo. Creo que la sociedad ya es capaz de entender que la derecha no tiene razón de ser. Hay una cultura acumulada por varias generaciones que permite entender que por ejemplo no existe el derecho a que los demás no se divorcien, o no se casen, o no se cambien de sexo, o no aborten, o no tengan sus necesidades vitales cubiertas.

Ven la Historia como una lucha entre reacción y progreso, entre antigüedad y modernidad. Y mientras tanto la Historia ha llegado a un punto en el que sólo han de tener cabida las distintas corrientes del progreso y la modernidad y ninguno de los atavismos de la reacción y la antigüedad.

«Sin dejar de ser humanos»… Y algunos creerán que se convierten en divinos. No. Se convierten en subhumanos.

El mayor mal que podemos aspirar a hacer los seres humanos sin dejar de serlo es el de la justicia. A que se castigue, a que se mate incluso, a los malos. Y a que ese mal, necesario, imprescindible en el mundo real, no vaya más allá de los límites de la civilización y no sólo no sirva a la injusticia sino que tampoco se ejecute de manera injusta.

Para ser exactos, desde las cloacas luego se extienden por todo el medio-ambiente.

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